domingo, 18 de febrero de 2024

 


                                LA CATÓLICA ESPAÑA CADA VEZ LO ES MENOS II


Ya Don Ramón María del Valle Inclán, con su reconocido sentido del humor, definía al español como “un hombre moreno, bajito, con bigote y muy mala leche, que dice que fornica mucho, pero se mata a masturbaciones y va toda su vida detrás de un cura, la mitad de ella con una vela y la otra mitad con un palo.”. Parece que ahora vamos con el palo y va para más de 40 años. La “descatolización” puede atribuirse a múltiples factores: el aire libertario de la democracia y la europeización, la liberación de una cadena opresora e inquisitorial, etc.

Por otro lado, el empuje del “cristianismo evangélico”, propiciado sobre todo por la inmigración sudamericana, ha contribuido a esta situación de “descatolización” de la sociedad española. Las cifras son reveladoras. No solo disminuye de forma contundente el número de matrimonios (el de hijos también), sino que la mayoría de los matrimonios son civiles y no eclesiásticos. Como se decía ya hace años: “uno se casa por lo civil, no por lo militar”.

Esta situación ha llevado a una “casi” despoblación de las misas y sus correspondientes eucaristías. Para intentar paliar esta situación hubo una propuesta anónima en los años 70, que más parecía una provocación humorística, de dar la comunión en un bocadillo con chorizo, para animar a la gente a ir a comulgar. Por supuesto aquello quedó en nada. Al poco tiempo, algunos vascos, (ya se sabe que el vascongado es aficionado a los excesos gastronómicos) propusieron sustituir la oblea tradicional por una tapa del plato tradicional vasco (el segundo después del bacalao al pil pil): “las alubias rojas con sacramentos”, pues aunque en este caso los “sacramentos” consisten en chorizo, tocino y costilla de cerdo, el nombre lo hacía propicio para su fin. El Arzobispado de Bilbao se negó incluso a responder.

En el inicio de la segunda mitad del siglo XIX se propagó en Europa la plaga de la filoxera que arrasó con multitud de viñedos en todas partes, incluida España, aunque en menor medida. Un viticultor alsaciano, Augusto De Müller Ruinart de Brimont, buscando alternativas a la destrucción de sus viñedos vino a instalarse en España, en Tarragona, en 1851, donde creó la bodega De Müller. Su hermano, con estrechos vínculos con la Iglesia (se desconoce el detalle exactamente) consiguió que en 1883 el Vaticano concediese a su bodega el título de proveedor de vino de misa del Pontificado, y así duró hasta 1959, tras el Concilio Vaticano II, cuando fueron abolidas estas concesiones. Sin embargo, esta bodega sigue elaborando el vino de misa, aunque ahora sus principales mercados son los de exportación a África y China, y ya no  España. Probablemente esta experiencia animó a unos emprendedores catalanes a intentar nuevamente una “modernización” de la eucaristía, lejos ya de los intentos anteriores. Animados por los nuevos conceptos de la desestructuración, tanto en la literatura como en la gastronomía, la moda en la generación Z del sexo fluido, etc., esgrimieron ante las autoridades eclesiásticas que la Transfiguración podía ser tanto del pan como del vino, pues ambas cosas ofreció Jesús a sus apóstoles en la última cena, y así comulga el sacerdote oficiando la misa. Por ello crearon un licor al que llaman “L´Hostia”, con 32º de alcohol y un sabor divino y en donde en la parte trasera de la botella se puede leer: “L’Hostia holy communion is the most traditional and sacred liqueur from Barcelona. The miraculous sweet elixir that will lead us into temptation but deliver us from evil. Amen.”. El Arzobispado de Barcelona parece ser que ha hecho la vista gorda, sobre todo por el significativo aumento de asistentes a misa y comulgantes, aunque algún párroco ha advertido que han notado que muchos feligreses repiten varias veces la comunión, el chupito del licor, y algunos salen tambaleantes de la iglesia, a lo que algún obispo ha aclarado que ese tambaleo no se debe en modo alguno a ebriedad, lo que por otra parte la Biblia no condena en absoluto, desde Noe en adelante, sino a la euforia de sentirse poseído en gran medida, a veces hasta excesiva, por la Gracia y el cuerpo del Señor.

 




sábado, 17 de febrero de 2024

 

               LA CATÓLICA ESPAÑA CADA VEZ LO ES MENOS

                                  

España es conocida como la Tierra de María Santísima y destacó durante siglos en la devoción inmaculista, desde mucho antes de que se proclamara el dogma de la Concepción en 1854, como hizo ya el Islam en el siglo VIII. “España evangelizadora de la mitad del orbe, España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio…” Menéndez y Pelayo. Se haría interminable la enumeración de la aportación fundamental de España a la expansión, consolidación y dominación del cristianismo (catolicismo) en el mundo, gracias a poetas, escritores, fundadores de órdenes, mártires, santos, evangelizadores, cruzadas, etc. Durante la guerra civil del 1936 al 1939 y muchos años después durante la dictadura franquista, se fusilaba por denuncias del cura, pistola al cinto y blandiendo un crucifijo, o de vecinos, a sindicalistas, maestros, ganadores de partidas de dominó, unos cuernos ocultos, etc., en nombre de Nuestro Señor. Pero a partir de la recuperación de la democracia, 1978 (aprobación de la Constitución tres años después de la muerte entre heces pestilentes del dictador), la situación fue cambiando, primero despacio y después aceleradamente y la Iglesia Católica no solo fue perdiendo su secular dominio sino que fue enanizándose y arruinándose, a pesar de las importantes ayudas económicas de un Estado “laico”. Primero fue el aprovechamiento de una “laguna jurídica” en una ley, gracias a la cual la Iglesia puso a su nombre una ingente cantidad de tierras, iglesias, monasterios, conventos, etc., que luego los párrocos y los obispados fueron vendiendo a promotores inmobiliarios, hacendados, e incluso algún burdel, como consta en la hemeroteca. Hasta llegó a los tribunales el litigio del Estado contra la Iglesia por la apropiación patrimonial (la de hecho a fines litúrgicos ya lo hizo a finales del siglo XV) de la mezquita de Córdoba, hoy patrimonio cultural mundial según la UNESCO. La situación ha ido en estos años de mal en peor, con el cierre de seminarios, de conventos, abandono de iglesias románicas, etc. El convento de clausura de Santa María de Jesús en Sevilla, del siglo XV, con 18 monjas (la mayoría extranjeras, sobre todo sudamericanas) dedicadas a la oración y a la bollería, no podían sobrevivir y estaban a punto de cerrar la clausura, valga la redundancia; intentaron montar una lavandería, pero no era rentable, hasta que unos avispados emprendedores las convencieron de reformar cuatro apartamentos y alquilarlos a través de Airbnb a los turistas. “Paz angelical en el centro de Sevilla”, es el eslogan publicitario:

https://www.elespanol.com/sevilla/20240208/monjas-clausura-sevilla-convierten-convento-airbnb-lavanderia-no-daba-dinero/830917102_0.html

No sabemos si, como en el monasterio de El Escorial Felipe II tenía en su aposento un balcón para oír la misa, en estos apartamentos algunos también ofrecen la posibilidad de oír la misa desde la cama.


Otro índice significativo de esta “descatolización” de España, es el hecho de la gran cantidad, creciendo año tras año, de sacerdotes africanos en las parroquias del interior del país, la España rural, la España despoblada, con aldeas de 20 y 30 habitantes e iglesias semidestruidas, que un cura senegalés, o ugandés, o somalí, visita todos los días (algunos dicen que tienen hasta 20 parroquias que atender). Hace unos años (hoy sigue existiendo, pero ya los niños no, por razones obvias), un domingo de octubre, los niños de los colegios recorrían la ciudad con unas huchas pidiendo dinero para el DOMUND (Domingo Mundial de las Misiones), para sufragar los gastos de enviar, a África sobre todo, a evangelizadores cristianos. Hoy algunos malpensados piensan que muchos africanos han encontrado la manera de inmigrar en España legalmente haciéndose cura en los pocos seminarios que subsisten en el país. En el 2023 más de 55.00 inmigrantes ilegales llegaron a España, sobre todo a Canarias, procedentes de Senegal y Mauritania, entre otros, en pateras y cayucos, (lanchas renqueantes sobrecargadas) con más de 1.200 ahogados en el intento. Los caminos del Señor son inescrutables, pero, como dice en Proverbios 2:19: “Todos los que a ella van, no vuelven, ni alcanzan las sendas de la vida.”

 






martes, 9 de enero de 2024

                             LA VERDADERA HISTORIA DE LOS REYES MAGOS 
                                                                  (PARTE II)

Llegaron a Egipto y gracias a la valiosa mercancía que portaban se instalaron cómodamente y José montó un magnífico taller de carpintería, el mayor que existía en Egipto, en el que empezó a fabricar, comprando esclavos de todo el mundo, incluso algún pirata vikingo hecho prisionero por los romanos en algún raid en el Mare Internum, muebles modulares para los palacios del faraón, que estaba fascinado con esa innovación hasta entonces desconocida. Como los judíos no estaban entonces muy bien vistos en Egipto, pues habían sido sus esclavos siglos atrás, José dijo que era egeo, de una isla del Egeo, Αιγαίο en griego, que los egipcios pronunciaban como “Ikeo”. Años después José murió a edad avanzada, María cerró el taller, ya que Joshua había empezado a tener malas amistades con algunos judíos y a consumir drogas usuales en Egipto. Regresaron a Galilea y el resto ya lo saben, bueno, el relato. Lo que no saben es que algunos de los esclavos vikingos escaparon tras la muerte de José y tras mil peripecias regresaron a sus hogares y para vivir retomaron el oficio que habían aprendido en Egipto y que fueron transmitiendo de generación en generación, hasta que en el siglo XX e.c., en Suecia crearon una gigantesca empresa que fabricaba muebles modulares y que en honor de su antiguo creador llamaron IKEA, Probablemente los actuales propietarios de IKEA desconozcan esta historia, pero tal vez les dé una pista para entender por qué en las fechas navideñas se disparan sus ventas.

miércoles, 3 de enero de 2024

“Decíamos ayer…” Bueno, no soy Fray Luis de León. Soy Luis, pero no Fray, pero nada me impide reanudar como él, después de haber abandonado este blog hace doce años.  ¿Qué por qué lo abandoné? Pues no lo sé. Cambios en mi vida, COVID, cambio de país, incremento exponencial de las lecturas, paso de las clases presenciales a las virtuales, colaboración con artículos más o menos frecuentes en el blog de la Escuela de Idiomas de la UCV, Ritos de Ilación (algunos de los cuales trasvasaré aquí), y qué sé yo cuántos etcéteras más. El hecho es que hace unos días se me ocurrió un artículo sobre los Reyes Magos y su relación con el gigante IKEA (sí, hay una relación, ya lo verán) y como era impublicable decidí publicarlo en mi abandonado blog, así que aquí va.








                                    LA VERDADERA HISTORIA DE LOS REYES MAGOS

                                                                     (PARTE I)

Transcurría el año 7 a.e.c. y la joven y bella María, de apenas 15 años, (nunca se supo el cognome, el apellido, sólo el nome, el nombre) fue violada y preñada por un brutal militar griego de la guardia del rey Herodes en Galilea, en Nazaret concretamente. Para evitar la deshonra, y lo que era peor para los judíos, la exclusión de la escuela y la enseñanza rabínica, de la que estaban excluidos los hijos de prostitutas o madres solteras, que venía a ser lo mismo, la familia de María, (insisto en que se desconoce su origen) con sus pocos ahorros y argumentos divinos, encontraron un esposo para María: José el carpintero del pueblo, ya entrado en años, conocido por su buen hacer profesional y su ingenuidad angelical. Le insistieron en que la ya más que evidente preñez de María se debía a una paloma enviada por Yahvé (ya ve usted, señor, qué cosas pasan). José, no muy convencido, pero alentado por los pocos dineros, muchos para él, que le ofrecieron, y el hecho de que la joven María estaba de muy buen ver (le hizo tres hijos más), aceptó el matrimonio. A los pocos meses nació en Nazaret en la casa de sus padres, un bebé morenito al que decidieron llamar Joshua. Casi un par de siglos después uno de los apóstoles de Joshua, Mateo, que era el equivalente a un yihadista de su época y de su religión, pues quería que todo coincidiese con las profecías de los divinos profetas, transmitió a sus fieles, que escribieron un Evangelio, que Joshua nació en Judea, en Belén concretamente, pues la profecía de Elías decía que el “rey” que los liberaría nacería de la estirpe de David. Lo del censo de Augusto es un cuento chino que no tiene ningún sentido ni coincide cronológicamente. Por eso en la historieta cristiana se habla siempre de “Jesús de Nazaret”, o el Nazareno, y no del Belenero. Lo que sí parecería posible es que tres narcotraficantes de Oriente, que viajaban en sus caravanas de camellos para llevar a los romanos el opio y otras drogas que consumían, oyeron al entrar en un pueblo de Judea, adonde se dirigían, que en Galilea había nacido un niño que, decían los orates, iba a ser rey de todos los judíos. Lo de los reyes es un invento burdo, pues se conoce el listado, elaborado por Roma en sus múltiples guerras con los partos y otras etnias, de todos los reyes de Oriente, y los sabios nunca han sido tan ricos para viajar a través de continentes, cargados con valiosas mercancías. Su primera y lógica reacción fue desviarse para conocer a ese futuro rey y halagarlo y regalarlo, para que su familia los tuviese en cuenta en el futuro y no les impidiese seguir con su negocio. Llegaron a Nazaret y fueron a la casa del recién nacido para felicitar a los padres de la criatura y hacerles un regalo de tres cosas que entonces eran de las más caras del mercado: oro, incienso y mirra. Por poca que fuera la cantidad de las tres cosas, su valor era tan alto que constituía una verdadera fortuna para la época. Gesto típico de los narcos, Pablo Escobar y Marcial Dorado (el narco amigo de Feijoo) incluidos. 

Volviendo a los regalos de los narcos, José se preocupó ante el valor de los obsequios (María era demasiado niña para pensar en eso), y sabedor de la cantidad de partidas de bandidos que había en toda Galilea, en Samaria, en Judea, etc., siguiendo la vieja tradición saqueadora de las tribus judías, decidió emigrar a Egipto y hacerlo en un burro para no despertar sospechas de los saqueadores. Nuevamente la historieta cristiana del censo de Augusto, Herodes el Grande, que ya había muerto años antes, y la matanza de recién nacidos, de la que no hay constancia histórica alguna, es otra historia para no dormir de los santos varones romanos. 




martes, 13 de marzo de 2012

MADRID I: MIS COSAS


Me encanta Madrid, la ciudad donde me crié y donde he vivido la mayor parte de mi vida. Pero Madrid es una ciudad contradictoria,  mesetaria y cosmopolita, como su gente, acogedora y chulesca. Es difícil encontrar madrileños de tres generaciones, tal vez por eso sea un crisol de los defectos y las virtudes nacionales, y hoy ya internacionales. Los madrileños desengancharon los caballos para tirar de la carroza de Fernando VII a su entrada en la capital, al grito ominoso de “¡Viva las cadenas!” y algo más de un siglo después dieron un ejemplo al mundo con la heroica defensa de Madrid, al grito de “¡No pasarán”! Esa chulería del madrileño de los sainetes de Arniches llegó al paroxismo con el matonismo fascista de los señoritos falangistas. Hoy ese talante navajero sólo se puede palpar, casi como una reliquia, en la presidenta de la Comunidad de Madrid y en el estadio Santiago Bernabéu. A los madrileños se les conoce desde el siglo XIX con el patronímico de “gatos”, por su afición a la vida nocturna y hacen gala de ello, ofreciendo una noche sin parangón, no ya en Europa, sino en el mundo, con una oferta de diversión y gastronomía impresionante. Para quienes vivimos en una ciudad cercada por la violencia y el miedo, Caracas, no Bagdad, pasear por Madrid en la madrugada desafiando el frío, no el secuestro, es una experiencia vivificadora. Quitando La Castellana y una parte de la calle de Alcalá, Madrid no tiene las anchuras de París, pero para muchos tiene las hechuras de Buenos Aires. Eso la hace más “paseable”. Los kilómetros que caminé en Madrid tuvieron un efecto compensatorio frente a los excesos gastronómicos navideños, dejando el engorde en cifras manejables. En este terreno, el gastronómico, tuve algunas frustraciones  y unas agradables sorpresas. Mi ya amigo, el chef venezolano Daniele Scelza, ha montado un restaurante, hace unos meses, cuyo concepto y ubicación de por sí constituyen un valiente reto. En los bajos de un edificio, creo que del siglo XVIII, si no del XVII, en la calle Amnistía, entre el Palacio de la Ópera y el palacio de Oriente, nada menos, el restaurante Lieu, con elegante decoración minimalista y capacidad para unas 50 personas, a ojo, y una barra coqueta, que ofrece una cocina de autor, corta y con productos de mercado, amorosamente cuidada en el detalle por Daniele, su creador, que sale del fogón, en este caso de la actualísima cocina, a la vista, como marcan los cánones de la moderna restauración, para atender a los comensales junto a su simpática esposa Marielena, y un equipo de eficientes, educados y atentos camareros. De las dos veces que estuve, recorriendo los aconsejados menúes largos y estrechos, recuerdo especialmente el falso ravioli transparente de tomate, la crema de calabaza con compota de manzana y crujiente de morcilla; el bacalao al horno con costra de pan, espinacas a la catalana y alioli; el magret de pato con salsa de naranja y puré de brócoli y unos extraordinarios postres, como el chocolate con aceite de oliva, tejas y granita de vino tinto, o el tocino de cielo helado con sopa de maracuyá y espuma de moscatel. Todo delicioso. A no olvidar la más que honesta cava con un centenar de etiquetas. Daniele, hasta pronto.  Pude comprobar que el consomé, las croquetas y el jerez de Lhardy siguen siendo únicos. Me descubrieron una simpática, popular  y concurridísima taberna gallega, la Maceiras,  en la calle Huertas, donde comí unas alubias, feixóns o xudías en gallego,  con almejas, absolutamente imperiales. Hicimos una gran mesa redonda alrededor de dos arroces en paella, uno de marisco y otro negro, en Los arroces de Segis. Excelentes, recomendables. Lo malo es que a mí los sitios tan grandes y con tanto personal me producen un poco de agarofobia. La Peque nos hizo un riquísimo pan de jamón y un sabrosísimo pan de salmón, ambos de hojaldre. Le he copiado la receta de este último, pero no me sale tan bien como a ella; debe ser la calidad del hojaldre. Mi prima Conchita nos hizo un rabo de toro, no ya difícil de olvidar, sino un recuerdo gustativo que todavía evoco. Y tengo que hacer una mención especial, con honores de fanfarria, al pulpo y el cordero de Maribel en Nochebuena y a los vinos de Carlos Javier.  Las decepciones fueron especialmente el no haber comido un cocido, me recomendaron uno en El Escorial, creo que El Charolés, pero como todos los sitios de moda en Madrid hay que hacer reservaciones, de todas maneras, este fallo es imperdonable. Tampoco pude encontrar percebes decentes. El consumismo navideño arrasó con ellos, a pesar de que llegaron a los 400 euros el kilo. La mala programación del tiempo nos impidió también hacer dos visitas obligadas a los mercados de San Antón y el de San Miguel, sobre todo a este último, para comer ostras de Arcachon o de Arcade, que tanto monta, monta tanto, con champán francés, o con cava catalán. Y, por último, como los turistas mayameros de los años setenta, los de “ta barato, dame dos”, compramos y compramos compulsivamente, con y sin rebajas, ropa, tabletas, celulares, cosas de casa, libros y más libros y maletas para traer todo. Venezuela es un país peligroso, surrealista, sin libertades, desabastecido y carísimo. Los precios nos parecían un regalo al cambio del euro subvencionado, y sencillamente más baratos a euro libre. Siempre nos quedará Madrid.

jueves, 23 de febrero de 2012

BARCELONA


¡Qué le voy a hacer si yo... nací en el Mediterráneo...! Sí,  y a poca distancia de donde nació Serrat, casi al mismo tiempo. Tal vez por eso esa sea mi canción favorita y por lo que cada vez que voy a Barcelona siento que mi ciclo vital debería cerrase donde empezó, como un círculo virtuoso. Barcelona me espera. Por eso no puedo ser objetivo, ni lo pretendo. Barcelona se convirtió a principìos del siglo XX en una ciudadpreciosa y hoy es una ciudad espectacular. La ciudad gótica, la de la Ribera, la Catedral, la de Santa María del Mar, la del Consell del Cent, del Borne, dela Boquería, la Rambla; la ciudad burguesa del Ensanche, del Passeig de Gràcia, de la Diagonal, la ciudad industrial que se proyectó al futuro, a la ciudad de servicios, con los Juegos Olímpicos del 1992, abriéndose definitivamente al mar; la ciudad del arte, del modernismo, de Gaudí, la ciudad del puerto, de la Barceloneta, de su oferta gastronómica, de sus champanerías, de la sombra de Ferrán Adriá, del Liceu y el Palau de la Música, la Barcelona de Tàpies, de Picasso y de Miró. Barcelona tiene algo de Milán, de Roma, de Bologna, de Ferrara y hasta de París, con la mejor gastronomía del mundo... y frente al mar.
Estuvimos cuatro intensos días en Barcelona acompañando a Noela en una especie de journey iniciático, que quería mostrar, emocionada y nostálgicamente, a su hija Clara algunos escenarios de una época de su juventud. La experiencia valio la pena. Para todos.  Entre miles de japoneses, rusos, alemanes e italianos, disfrutamos de un clima casi primaveral, que nos permitió recorrer interminablemente los sitios más emblemáticos, algunos, incluso, por primera vez, como la basílica de Santa María del Mar, azuzado, lo reconozco, por la lectura de la bonita novela de Ildefonso Falcones, La catedral del mar. Me impresionó su belleza austera, su espigada espiritualidad, en contraste con la rechonchez plutocrática del San Pedro romano que acababa de revisitar.  Avisado por mi amigo Daniele, el chef venezolano, nos instalamos todas las mañanas en el bar Pinotxo, de la Boquería, a desayunar con tenedor y cuchara... y cava.  Joan, su emblemático propietario, que me dedicó cariñosamente su libro de recetas, nos hacía iniciar el día a base de tortilla de espinacas, pulpitos con alubias, garbanzos guisados, gamba roja, etc. Descubrí en la Barceloneta un restaurante absolutamente recomendable, el Port Vell, con una cocina honesta y abundante y un rape suculento. Los pinchos del Txapela en el Paseo de Gracia, son otro imperdible. Lástima que no tuve tiempo, las reservaciones son de semanas, de ir al nuevo templo de los pinchos, el Ticket, de Ferrán Adriá, en Poble Sec. Pero sí me tropecé con Ferrán en la Rambla una tarde, lo abordé, lo saludé, charlamos un momento y me faltó la rapidez, o la costumbre, de sacar el teléfono para fotografiarme con él. Tuve mi experiencia mística en el Nou Camp, cuyo Museo  todavía no conocía y se me puso la carne de gallina saliendo al campo por el túnel de vestuarios, mientras sonaba el himno del Barça. Me volví a asombrar del genio de Gaudí en el Parque Güell y en la Pedrera.  Husmeamos y compramos en el mercadillo de antigüedades de la Plaza de la Catedral y caminamos una y otra vez, incansablemente, por las callejas del barrio gótico, Porta Ferrissa abajo y arriba, a izquierda y a derecha, deteniéndonos, de pronto, para oír a unos improvisados tenores. No se podía hacer más en cuatro días. Cenamos  en el Puerto Olímpico con algunos queridos primos hermanos a los que no veía desde hacía décadas, muchas. Faltaron algunos, uno, César, murió la semana pasada. Quedamos en volver a vernos en junio. Barcelona m’ espera.  Tornarem aviat.

domingo, 12 de febrero de 2012

PRIMARIAS


No tengo más remedio que interrumpir mis crónicas viajeras, las reanudaré mañana, para dedicarle una reflexión a un acontecimiento histórico que se ha dado hoy en Venezuela. El no hacerlo habría sido frivolidad o complicidad dolosa. Me refiero a las Primarias de la oposición. Tal vez por mi formación en la clandestinidad y en el “centralismo democrático”, las primarias abiertas no son una de mis opciones preelectorales favoritas, y, en el caso venezolano, donde el objetivo es acabar con un régimen, no reemplazar un Gobierno, una solución a la chilena, un acuerdo interpartidos, me habría parecido más sensato, y así lo he manifestado siempre, pues se trata de encontrar, no al mejor, sino al que pueda derrotar al Régimen, al menos en este primer embate. Dicho esto, y dado por supuesto que no soy portador de la verdad única, el proceso de las Primarias se ha desarrollado con un éxito sin precedentes y por lo tanto sorprendente y con unas consecuencias que en estas primeras horas son difíciles de aventurar. Basándose en los datos antecedentes, tanto del país como de otros países, se calculó por parte de la Mesa de la Unidad Democrática que una participación del 10% del padrón electoral, cifra tradicional en Estados Unidos con una larga tradición de primarias, la mayor del mundo, constituiría un éxito de gran resonancia. De acuerdo con esas previsiones se estableció la logística en lo referente, sobre todo, al número de centros electorales, mesas y máquinas de votación, en aras, también de abaratar los costos del proceso. La hora del cierre de las mesas de los colegios electorales era las 4 de la tarde y a las 7 casi el 30% seguían abiertas por las largas colas de votantes esperando sufragar. La enorme participación. tres millones de votos, más del 15% del censo,  ha roto las previsiones logísticas y ha sido la causa de la demora del proceso. A estas alturas se pueden hacer dos lecturas del fenómeno: una que a pesar del miedo, miedo real por parte de los millones de funcionarios, maestros, trabajadores y vecinos de barrios y pueblos controlados por los grupos paramilitares del régimen, a ser denunciados si se les veía en las colas de votantes, entre otros temores, la oposición ha mostrado el músculo suficiente para acabar con el Régimen en las presidenciales de octubre; y otra, que el anhelo de acabar con el Régimen es tan grande en la oposición que se ha volcado hoy en las urnas y ha sido su canto del cisne, o que ha rozado su techo. Los próximos meses con la campaña electoral que se avecina y cómo la afronte el candidato de la oposición y sus asesores, las encuestas nos lo dirán. Pase lo que pase de ahora en adelante, lo que ya no admite duda es que la jornada de hoy es un hito para este pueblo y ha confirmado su vocación democrática. Y, por qué no decirlo, se intuye el escalofrío que sacude en este momento el espinazo del Régimen. El tercer factor a considerar es el candidato ganador, Henrique Capriles Radonski, ganador, además, por goleada, como anunciaban las encuestas. Mis allegados saben que el Gobernador no goza de mi simpatía especialmente, pero a quien tiene que caer bien el 7 de octubre es a ese 5 a 10% de votantes indecisos o posibles desertores de las urnas chavistas, no a mí. ¿Con su discurso distante, comedido, a veces incluso timorato y a veces confuso, será capaz de enamorar a esos votantes?  ¿Tendrá que inyectarse botox en el entrecejo para barrer ese gesto de permanente enfado? Lo importante, repito, no es que sea el mejor sino el que pueda derrotar a Chávez. La candidata mejor preparada, sin duda, era María Corina Machado y por lo que le oí recientemente la única que apuntó algo inteligente sobre el futuro petrolero del país, entre la general mediocridad de los otros candidatos. Pero también era la más vulnerable ante Chávez. Y el elector lo sabía, por eso no ha pasado del 4% de los votos. Por eso la quería Chávez de contrincante. Posiblemente el candidato con más brazo para batirse con él, fuese Pablo Pérez, pero ha sido víctima, creo yo, de planteamientos regionalistas  de los electores y de una mala campaña por su parte, que le ha dejado con casi un 30% de votos, abriéndole las puertas como candidato de futuro. Los otros dos, como estaba previsto, han sacado casi la mitad de los votos nulos, entre los dos. Puros teloneros. Por primera vez en muchos años, trece, se ve al Régimen desconcertado, medio sonado por este directo a la mandíbula que le ha propinado la oposición. ¿Será capaz Henrique Capriles de noquearlo dentro de escasos ocho meses? La solución a la vuelta de la esquina. Mi deseo, que así sea.  

sábado, 28 de enero de 2012

FLORENCIA


                                 

Mi amor por Florencia viene de lejos. Viví en Italia, viajé varias veces a Italia, pero nunca fui a Florencia, por eso mi amor era  más parecido al de Petrarca por Laura y Dante por Beatrice, casi inventado, una necesidad estética. Tanto, que una de mis novelas inacabadas se desarrolla allí; la recorrí mil veces calle a calle, monumento a monumento, en mi imaginación, en libros y en internet. Por eso esta vez dedicamos uno de los tres días del viaje italiano a conocernos, por fin. Cuando el taxi que habíamos tomado en la estación nos dejó a dos cuadras del Ponte Vecchio, sentí una justificada sensación de dèja vu que ya no me abandonaría en todo el día. A partir de ese momento me convertí en el guía local de Carlota que a duras penas creía que era mi primera visita a Florencia. Caminé con un respeto casi religioso por el Ponte Vecchio en ambas direcciones. El puente romano de madera, reconstruido en piedra a mediados del XIV, une el lungoarno con el oltrearno, las dos orillas del Arno, o la Florencia del Palazzo Vecchio con la del Palazzo Pitti. Las joyerías del puente no me llamaron la atención, el puente era el protagonista, no las joyerías. Como curiosidad anacrónica, en un saliente en mitad del corredor de Vassari, casi frente al busto de Benvenuto Cellini,  se desarrollaba una competencia de golf, lanzando pelotas en potentes drives a tres islotes con su correspondiente green, anclados en el río para este menester. Fui derecho y con paso largo a la Galería degli Uffizi. Paladeé despacio, muy despacio, las salas del trecento sienés y florentino. Más Giotto de los que había visto en láminas en toda mi vida; el impresionante Árbol de la Vida de Pacino de Buonaguida, los Daddi, los dos; las modernas santa Inés y santa Domitila de  Andrea Bonaiuti; los maravillosos relatos en secuencia de Ambrogio Lorenzetti; la apoteosis del final del gótico de Lorenzo Monaco, con una Escena de la vida de San Onofre casi daliniano.  Pero  al entrar en las salas del Cuattrocento y verme rodeado de tal cantidad de Botticelli sentí un nudo en la garganta. Los Massaccio, los Fra Angelico, los Filippo Lippi, los increibles retratos de Andrea de Castagno, los Verrocchio, los Leonardo,  ese Filippino Lippi y Pietro Perugi, el Descendimiento de la Cruz, que parece un moderno poster cinematográfico; la precursora Venus de Lorenzo di Credi, anunciando lo que sería la pintura quinientos años después, pero sobre todo, Boticcelli, el Nacimiento de Venus, Pallas y el centauro y la sorprendente Primavera, el resumen del Renacimiento.  Pero mi meta principal era otra y estaba ya cerca: il Bronzino. Me sobresalté al ver que no estaba en la sala donde debía estar y me tranquilizó un empleado del museo diciéndome que esas salas estaban en obras y los cuadros habían sido trasladados a otra. Aceleré el paso obviando algunas salas que en otras circunstancias habrían merecido otro trato por mi parte. Por fin la tuve frente a mí, por primera vez en mi vida, después de haberla deseado durante años, Lucrezia Panciatichi, el retrato sublime de Agnolo Bronzino, mi novela, mi sueño. La admiré durante interminables minutos, me fotografié con ella y le prometí volver. Uno siempre ha amado, entre tantas mujeres, a muchas que no ha podido tener y a otras tantas que siempre supo que no tendría nunca y a otras que el no tenerlas era la garantía de seguir amándolas. Lucrezia es la más inaccesible, la más deseada. En el bar de la terraza de los Uffizzi, bajo la torre de Arnolfo del Palazzo Vecchio,  reviví el arranque de mi novela, tomándome un campari, en una soleada y fría mañana toscana, junto a Carlota-Lucrezia. Nos sentamos, cansados y estupefactos, en el suelo de la plaza de la Signoria, frente a la Loggia dei Lanzi, contemplando ese museo al aire libre: los Miguel Ángel, los Donatello, al alcance de tu mano, tocándolos, acariciándolos. La vía central de la Florencia medieval, la ciudad de los gremios, era la de los zapateros. Hoy, la via dei Calzaiuoli,  como entonces, está llena de zapaterías, no ya artesanales, sino comerciales, pero con toda la oferta de los atractivos zapatos italianos y, como dice, Woody Allen, lo que hay que hacer ante una buena tentación es caer en ella.  Una visita al sorprendente Duomo, la catedral de Santa Maria del Fiore, con la maravillosa cúpula de Brunelleschi. Un odioso funcionario y 8 euros me hicieron desistir del ascenso a escalera limpia a la cúpula. Hoy me arrepiento. Frente al Duomo, el Baptisterio, ese octógono que dicen ser el templo más antiguo de la ciudad, todo en mármol de Carrara y con la participación de Giotto. La leyenda asegura que la primitiva iglesia fue un regalo que la reina de los lombardos, Theolinda, le hizo a su marido Authari,  en el año seiscientos y poco, por haberse convertido al cristianismo. Hoy le habría regalado un IPad por haberla dejado en paz unas vacaciones. Más pequeño, pero más útil. No podía dejar Florencia, y seguir la trana novelesca, sin acudir a un conocido restaurante para comer la famosísima “bistecca fiorentina”. Decepcionante. Una chuleta de buey gallego o un bife de chorizo argentino, harían renunciar a la bistecca a todos sus títulos. Menos mal que la abundante y buena grappa que acompañó al café me compensó de la existencial, ¿o cultural?,  desilusión. De vuelta a la estación, nos tropezamos con una numerosísima manifestación de inmigrantes negros, partidos de izquierda y oenegés, protestando por el asesinato de un senegalés. Indignado ante tal muestra de criminal racismo, me uní durante cinco minutos a la marcha. Mi cuota de solidaridad e izquierdismo, tanto tiempo marginada, tuvo su momento de protagonismo. Y me ayudó a digerir.
Firenze, amantes para siempre. volveré a ti.

miércoles, 18 de enero de 2012

ROMA

Los romanos sí que saben
                                  

No se asusten, no pretendo en esta nueva andadura reconvertir este blog en un blog de viajes. Si bien es un género que desde Pausanias en la antigua Grecia ha tenido siempre una gran aceptación, la crónica de viajes nunca me ha llamado, pues nunca he sido un viajero de oficio, sino un viajero instrumental.  Pero como acabo de estar de vacaciones viajeras, las primeras en dos años, y es lo que tengo más a mano y me apetece más comentar, voy a ampliar los 140 caracteres con los que ya referí mis andanzas en su momento.

Hacía muchos años que no estaba en Roma y la he encontrado como siempre, como una bella amante hierática pero complaciente. Pero esta vez con un sarpullido molesto: miles de turistas codeándose con miles de romanos en apuradas carreras prenavideñas. Hasta el ministro venezolano responsable máximo de la riqueza de su país, el petróleo, el Sr. Ramírez, seguro de pasar inadvertido, se confundía con su familia entre los turistas que disfrutaban de un benigno invierno romano.  En dos días, aprecié pocos cambios en la ciudad. La estación Termini, cerca de donde me alojé, lugar estratégico de Roma para una estancia de estas características, está renovada y con un gran lujo en comercios y facilidades de transporte. A la entrada a la derecha hay una cafetería, V y TA,  con desayunos impecables. No conocía el Metro, aunque con sólo dos líneas y cerrando a las 9 de la noche, hace que el caminar y el autobús, mal señalizado, sigan siendo imprescindibles.  Compré un Roma Pass para abaratar mis viajes en Metro, pero, jugarretas de Murphy, se declaró una huelga de transporte que me obligó a moverme en el autobús del City Tour y en taxi. Aparte de eso, los eternos trabajos de recuperación de la memoria arquitectónica imperial en el Foro Romano, el Foro Trajano y el nuevo y gigantesco circo. Ojalá la crisis no paralice estos trabajos. En dos días repetí pasos ya dados y di otros nuevos. Pateé el Palatino y el Foro Romano, subí por primera vez los 146 escalones y el ascensor del Monumento de Vittorio Emanuele, il pasticcio, o the wedding pie, para ver Roma desde las alturas; admiré de nuevo el Palazzo Venezia y recreé en mi imaginación la escena del payaso de Mussolini en el balcón, estrenando uniforme confeccionado para la ocasión, anunciando la conquista de la “poderosa” Etiopía, tres días antes, diciendo: “Da oggi l’ Italia a il suo Impero”. Recordé mi primera luna de miel a pocos pasos de allí. Recorrí un par de veces la Via del Corso y la Via Condotti, tomando el obligado café en el Café Greco, viendo sus tiendas de lujo y sintiéndome decepcionado por Gucci después de tantos años. Me senté en la escalinata de la Piazza di Spagna, frente a la Embajada de España ante el Vaticano y su histórico y jocoso cañón; me fotografié en la Fontana di Trevi, repleta de turistas y de improvisados y tramposos fotógrafos de Sri Lanka. ¿Qué coño pintan en Roma tantos cingaleses, paquistaníes y otras hierbas haciendo malabares? Me tomé un vino en una terraza de la Piazza Navona irreconocible y casi intransitable por los puestos navideños. Intenté revivir, sin éxito, los recuerdos de la alegría de la antigua movida en Campo de Fiori. Transité una muerta Via Venetto, decididamente una calle primaveral o veraniega. Noblesse oblige, no tuve más remedio que acompañar en la visita a San Pedro, que siempre me ha parecido una obscena demostración del poder de la Iglesia que me produce desasosiego y arcadas, no precisamente góticas. Un recinto de un barroco cursi, sobrecargado y relamido, repleto de curitas, monjitas y otras hierbas, y japoneses, deleitándose delante de los pomposos sarcófagos de delincuentes históricos como Alejandro VI, el papa Borgia asesino e incestuoso. Visité una vez más el museo vaticano, en el que ahora hay kioscos de souvenirs cada 50 metros, sólo por el placer de descansar escudriñando los detalles de la Capilla Sixtina.  Me emocioné delante de la imponencia del castillo de Sant’Angelo, cruzando el Tiber por su puente  viejo y callejeando por el Trastevere para comer en una taberna una buena pasta regada con Barolo y rematada con una grappa abundante y divina, lo único divino que circunda el Vaticano.

Me encantó reencontrarme con una Roma a la que hay que seguir mirando hacia arriba para embelesarse con su grandeza monumental, porque si miras frente a ti, sólo ves japoneses, rusos e italianos circunspectos que saben o intuyen lo que se les viene encima. Mujeres bellas y elegantes emparejadas con hombres con pantalones de pescador y pelo de Tintín. Claro, Roma no es Milán.  ¿Se puede mirar hacia abajo? Sí, en la mesa, y deleitarse. 

viernes, 6 de enero de 2012


DE VUELTA

En mi vida me he tomado varios períodos sabáticos, algunos forzosos, de necesario descanso y crecimiento, pero, como bloguero, me he tomado un año y medio más lunático que sabático, pues me he dedicado a trabajar febrilmente para levantar un nuevo proyecto que me permitiese poder volver a escribir con más tranquilidad. Y heme aquí de nuevo. Todavía no sé si conservar el antiguo formato, lo que sería un “Decíamos ayer…”, o cambiar de piel para evocar un supuesto renacimiento. Ya veré. En este año y medio he ampliado mi campo tecnológico: notebook, IPad, Android; he ampliado mis intereses de conocimiento: el paréntesis darwiniano, la Elysia clhorotica, la epigenética, el desaprender; engordé y adelgacé; enfermé y sané; disfruté con el buen Barça y con el buen vino; disfruté con las palabras y con mis seres queridos; conocí personas de un valor precioso y mujeres preciosas; envejecí dieciocho meses e incrementé mi experiencia vital en otros tantos; transformé la realidad y ella me transformó a mí. He vivido. Y como sigo viviendo, seguiré escribiendo y aquí estoy otra vez, tecla en ristre, dispuesto a seguir comentando lo que me parezca, lo que me rodea y lo que me es lejano, lo que me divierta, que, además, resulta que también divierte y gusta a algunos amigos y anónimos benévolos. Así que, sin más ceremonias ni tedeums, mi blog queda reinaugurado. A más ver. 

LUIS ROBERTS 
@luisroberts

sábado, 19 de junio de 2010

SARAMAGO


Cuenta José Saramago, que el día que conoció a la que sería su mujer detuvo todos los relojes de su casa: había llegado a su meta. Anoche, cuando supe la muerte de Saramago, se me paró un reloj, el de la lucidez . Hacía un mes que había leído con fruición, como siempre me pasa con Saramago, su Caín. Anoche me abalancé sobre el libro y me puse a releerlo desordenadamente, sin criterio, en voz alta, como un kyrie, como una plegaria atea, como a él le habría gustado, como a mí me gustaría. Campesino poeta, como Miguel Hernández, comunista poeta, como Neruda, mago de las palabras, como Cortázar, como Gabo. Con Saramago aprendí pintura y caligrafía, esa caligrafía casi coránica de su escritura; con Saramago, y en Nombre de Dios, entendí el Evangelio; con Saramago me angustié en una deriva de piedra y viendo la ceguera del mundo y me consolé con su lucidez; con Saramago conocí a Ricardo Reis y a Don José; con él reconocí las pequeñas memorias de la infancia y salí de la caverna; con Saramago, por fin, entendí a Caín. Saramago ya no nos podrá regalar la última novela que estaba escribiendo. Pero nos deja todas sus mayúsculas y sus comas disparatadas, su ironía sin fin, su cariño por las palabras de la tierra, del campo, esas palabras que nos traen recuerdos de pan y de aceite. Pero también nos deja su ira, su compromiso, su racionalidad. Voy a hacer caso a Yajaira: voy a aprender portugués para leer a Saramago en su idioma, así sentiré una nueva emoción. Hace unos días, el Papa visitó Portugal e invitó a todos sus intelectuales a reunirse con él. Sólo Saramago no acudió: “no tenemos nada que decirnos”, explicó a los periodistas. Lo mismo me habría pasado a mí, pero, sin embargo, cuántas cosas nos podríamos haber dicho él y yo en su casa de Lanzarote, qué lástima que no tuve esa oportunidad, José. Hoy L’Osservatore Romano le dedica un ataque furibundo, ataque que le honra, pues ni Saramago hubiese esperado otra cosa, ni el Vaticano podría dejar de ser lo que es. Para contrarrestar esa hiel, dedico esta miel a Saramago desde lo más sincero de mi dolor, mi admiración y mi respeto. Además, como este blog es más leído que L’Osservatore Romano, que les zurzan.

sábado, 12 de junio de 2010

LA PATRIA ES COJONUDA



El histrión soez y esquizoide que dispone a su antojo de la vida y hacienda de los venezolanos, acaba de parir otra perla para dar más brillo a su biografía y enriquecer su herencia ideológica. Como un Zeus tonante, el corifeo ha espetado a su grey: “¡Hay que sentir la patria en los cojones!” Al parecer, leyó la frase de Bolívar de que hay que sentir la Patria en las entrañas y decidió hacer las entrañas extensivas, o piensa que los cojones forman parte de las entrañas. Algunos románticos, y Bolívar es un producto del Romanticismo, llenaron sus proclamas de Patria, recuperándola de Roma y en cierto sentido oponiéndola, o anteponiéndola, según las conveniencias, a la Nación revolucionaria. Los que nos hemos criado a la sombra del árbol del Internacionalismo, no podemos por menos que experimentar un cierto escozor cuando oímos blandir la Patria como un arma de doble filo: uno para defenderse y el otro para asesinar. Stalin hizo un llamamiento a defender la Patria, que fue secundado por la Iglesia Ortodoxa, para enfrentar la invasión alemana; todos los dictadores modernos han usado la Patria para asesinar, física o moralmente, a sus enemigos, los enemigos de la Patria. De ahí ese inconfundible tufillo fascistoide que emana ineluctablemente de la Patria. El asignar automáticamente en español el género femenino a las palabras terminadas en “a”, ha creado ese curioso oximorón de “la Madre Patria”, por lo que al final no se sabe si la Patria es una familia uniparental u homosexual. Los alemanes, tan lógicos ellos, no podrían nunca feminizar el vaterland, como tampoco lo hacen con la Muerte. Pero dicho esto, ¿cómo se puede sentir y tener la Patria en los cojones? ¿Por dentro o por fuera? ¿Disfrazada de espermatozoide? ¿Preñaremos por amor a la Patria? ¿O será la misma Patria la preñadora? ¿Será la patria un polvo... de talco, claro? ¿O adoptará la sutil forma de una vaselina suavizante? ¿O de una mano amiga? Cuando uno se sienta inflamado de ardor patriótico, ¿será legítimo afirmar que tiene una cojonera? ¿O será una orquitis de patria y muy señor mío? Después de un mitin electoral del Bolívar resurrecto, inflamando de ardor patrio a sus huestes, ¿habrá que calmarlos rociándolos con agua fría, o deberán usar otro procedimiento igual de tradicional, pero más placentero? Viendo la fotografía del cuadro que ilustra este blog, y sabiendo lo que es cabalgar a pelo, no puede uno menos que pensar que el pobre hombre debe tener las patrias en carne viva. Simón Rodríguez, una de las tres ramas en las que se columpia el susodicho, dijo: “...no hai cosa más patriota que un tonto.” ¿Será un tonto de los cojones?

viernes, 7 de mayo de 2010

HU EVÓN


O Hu? Evón. Según el Diccionario de la Academia Mayor de la Lengua Quéchua (Qheswa Simi Hamut’ana Kurak Suntur), la palabra Hu, tanto en quéchua como en aymara significa ¿Por qué? ¿Qué tienes?. Como en castellano Evón es claramente uno de los posibles aumentativos de Evo, el juego de palabras del título nos daría un híbrido con el significado aproximado de ¿Pero qué te pasa pedazo de Evo? Sin dejar la línea sexual temática que me he marcado para esta temporada de primavera-verano, hablaremos de Evo. Cuando Evo apareció en escena, me resultó un personajillo simpático, le gustaba la coca, el fútbol y hacer el indio, (Diccionario fraseológico documentado del español actual, Manuel Seco et al. Aguilar, Madrid, 2004: Hacer el indio- v. col. hacer el tonto) aficiones estas que muchos hemos compartido en algún momento de nuestra juventud. Cuando le oí hablar por primera vez, pensé que el pobre hacia un gran esfuerzo para expresarse en español, idioma que tal vez aprendió tardíamente en desigual y meritoria pugna con su materno aymara. Luego supe que el pobre Evo no sabe más aymara que yo ruso, es decir, más bien poco, y cuando le oí hablar por segunda vez llegué a la conclusión de que el tipo es tonto. No me gusta el insulto y la descalificación como argumento dialéctico, no los uso, por lo que esto es una calificación, un adjetivo, el que mejor define al personaje: Evo es un hombre sencilla y llanamente tonto; es por lo tanto un diagnóstico, no una ofensa. Recordé la divertida película de Peter Sellers Desde el jardín, basada en la buena novela de Jerzy Kosinski, Being There, en la que los papanatas burgueses confunden el silencio y la estulticia del jardinero con una deslumbrante genialidad, encumbrándolo desmesurada e injustificadamente. Como dice el proverbio chino: uno es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras; por eso cuando Evo habla deja primero perplejos y luego desternillados de risa a sus oyentes. La entrevista que le hizo TVE con ocasión de su visita de Estado a España, ha recorrido todos los programas de humor del país. En un buen artículo publicado recientemente en La Vanguardia de Barcelona, Pilar Rahola dice que sería para reírse “si no fuera porque estos cómicos, ridículos, delirantes e incultos personajes gobiernan a millones de personas.” En este cesto, Pilar mete a los compadres del Morales, Ahmadineyad y Chávez. Todo esto viene a cuento de su reciente e inspirado discurso ante 20.000 personas, no sé si perplejas o muertas de risa, en el que proclamó, urbi et orbi, que comer pollo te hace homosexual y calvo, que la patata holandesa es nociva (sic) y la Coca Cola una herramienta de dominación imperialista. Pues a mí me da igual y me río, caiga quien caiga. Cuando un pobre tonto habla no me río; cuando un tonto redomado habla dándoselas de genio, me parto de risa. Además, Evo, como el Sancho de Don Quijote, el Planchet de D’Artagnan y el Chuti de Don Mendo, salvando las distancias, pues aquellos eran más sabios que éste, se ha convertido en el jocoso escudero de su señor Hugo Rafael, que lo lleva de un lado para otro para divertir a sus comensales: “Ya sé que estas reuniones son muy aburridas, Cristina, pero traigo a Evo y nos reímos que jode.” Pero es curioso, volviendo al pollo homosexualizante, que Evito no se dé cuenta de que esa homofobia machista de la que hace gala es una herencia de los odiados colonizadores españoles. Efectivamente, las Crónicas de Indias, desde Cortés hasta Fray Bernardino de Sahagún, comentan y se muestran horrorizados ante las costumbres sexuales de los indios, lo que la Iglesia llamaba el pecado nefando, cuando lo practican los otros, claro está. Desde Mesoamérica hasta el Altiplano, desde los aztecas hasta los aymaras, no le hacían ascos al cochecito de San Fernando, un ratito a pie y otro andando, y entre tanta llama y tanto cóndor, los antepasados de Evo le daban a pelo y a pluma. No sacaré a relucir, o sí, lo que algunos psiquiatras y psicólogos afirman, y que la prensa nos recuerda casi a diario, de que muchas veces, las proclamas altisonantes de homofobia provienen de atormentados personajes a los que el armario se les hace cada vez más insoportable. Por cierto, ¿se le conoce mujer a Evo? No insinuó nada, también es posible que haya sublimado su libido a través del poder, algo muy frecuente, del fútbol y de Hugo Rafael. Por alguna razón que ignoro a ciencia cierta, en español, y en otros idiomas, se asocia la tontería con las partes pudendas, como si, digo yo, el máximo exponente de la tontería fuese el no saber qué hacer con el aparato del regocijo, algo tan natural como el comer. Así podemos elegir entre un variopinto repertorio: boludo, huevón (o güebón), pendejo, tonto de los cojones, tonto de los huevos, tontolaba, tonto de las narices (éste parece ser más bien un eufemismo atenuador), tonta del coño, y, el que, dadas las circunstancias, podría cuadrarle mejor a Evo, tonto del culo. Sin embargo, yo me inclino por el rotundo y definitivo soplapollas (DRAE: soplapollas com. malson. Persona tonta o estúpida). Pero como dicen Les Luthiers: “Ningún tonto se queja de serlo; no les debe ir tan mal.” A éste le va de maravilla... por ahora.

miércoles, 21 de abril de 2010

19 de abril




El 19 de abril es en mi vida una fecha que marca un hito: dos días después es mi cumpleaños. Y este 19 de abril, año I de la infancia de mi vejez y XXI de la Revolución de la caída del Muro de Berlín, me ha pillado, sin sorpresa alguna, en onda sexual, o más bien erótico-festiva, como ya anuncié en mi anterior blog, y los hechos del día no han hecho sino acrecentar mi desasosiego erótico. Cristina Fernández, Presidenta de Argentina, me pone cachondo. Y la he tenido gran parte del día en todos los canales de la televisión. Ese cuello de tortuga es toda una garantía de una madurez pletórica, que se ennoblece con una bemba siliconada pero pizpireta, fantasía erótica de todo macho que se precie, anunciadora de placeres orondos y lirondos, guiño extrapolador de otras redondeces plastificadas de su cuerpo. Además, es presidenta y peronista: el acabose. La sexualidad es una función mental y luego física, o mecánica, pero primero mental: el morbo. Las lenguas de doble filo susurran que Cristina está liada con Chávez. No lo creo, pero si así fuera, con más razón. No hay nada más excitante que ponerles los cuernos a dos presidentes, claro que el propio, su marido, parece que hace la vista gorda, o mira para otro lado, es igual, el morbo es el mismo. También hay toros bravos a los que llaman bizcos, los que no guardan simetria perfecta en sus dos astas. Hay treinta y dos tipos distintos de toros según sus astas, empezando por el Bien Puesto, que es aquel que tiene las astas bien colocadas y de normal desarrollo, pero que, en principio, no tiene nada que ver con que alguien lleve los cuernos bien puestos, como podría ser el caso del expresidente argentino. Si los indudables atractivos físicos de Cristina no fuesen suficientes, ¿cómo resistirse al vértigo embriagador que emana de una mujer corrupta, capaz de todo por dinero? Lo demuestran las cuentas oficiales de su patrimonio, incluyendo los maletines cargados de dinero abandonados en aeropuertos, activos muebles e inmuebles multiplicados en las presidencias conyugales, activos intangibles invertidos en silicona y bótox. Pérdida de votos sí, pero incremento espectacular de bótox. Detrás de esa aparente, engañosa, y por lo tanto excitante, apariencia de señorita de provincias, hay una mujer que da la sensación de que puede transformarse en una cobra de sexualidad. Y digo lo de cobra por la simbolgía lasciva del ofidio, no por otra cosa. Por si fuera poco, su dignidad de presidenta peronista nos evoca la juventud de otras presidentas peronistas, Evita e Isabelita, flores de burdel rescatadas por aquel militar fascista, corrupto y demagogo que fue el general Perón, su General, para convertirlas en santitas de los “descamisados” a los que colmaban de dádivas y regalos, mientras ellas, modesta y revolucioanariamente, se cubrían de pieles y joyas y adornaban a su General con unos apéndices córneos que la altura de la gorra militar apenas dismulaba. ¡Perón, Perón, qué grande sos, mi General, cuánto valés...! Sí, pero corniveleto de todas, todas. ¿Verdad, Brujo? Aunque, bien pensado, siento unos celos injustificados de Chávez. ¿Será verdad? Prefiero pensar que Cristinita ha venido al sambódromo caraqueño sólo por dinero, que no hay ninguna razón sexual en ello. Uno entendería que la avaricia, tan respetable como la lujuria, le haya impulsado a protagonizar las fiestas patronales bicentenarias. Terminada la intervención de Cristina, apago el televisor, pues las paradas militares me inhiben la producción de feromonas y las farragosas y cursis peroratas castrenses me producen una sensación parecida a la disfunción eréctil. Soy ideológica y visceralmente antibelicista y antimilitarista y alguna que otra vez, experiencias similares me han producido sarpullidos, excepto en casos justificados, siempre por razones sexuales, con el glorioso Ejército Soviético y la valiente Fuerza Aérea Israelí. Y, Cristina, por cierto, calladita estás más mona.
Cuál no sería mi sorpresa cuando, al rato, en un resumen, veo un momento del desfile cívico militar. Primero, esbozo una sonrisa viendo unos papás noeles todos vestiditos de rojo, dando saltitos, luego, las feromonas se ponen de nuevo en posición de avalancha, al ver unas espectaculares mujeres desfilando, todas ellas también de rojo, pero estas con faldita y con botas blancas, una mezcla de soldadas chinas, con cheer leader de universidad americana y nancys sinatras con sus botitas que son para caminar, blandiendo, de manera insegura y coqueta unas ametralladorcitas, tipo Marietta, más como un abrazo fálico que como amenaza marcial. Me entró un sudor frío, siempre me pasa con las feromonas, pero, afortunadamente, duró poco pues, colorín colorado, ese cuento colorado se había acabado. Cerró la función un señor que decían que era general, pero que iba disfrazado con muchas medallas, gigantescas charreteras, guantes rojos y un enorme escopetón. Y pegaba gritos. Parecía un enano cargando un cañón. Hay que ver lo que tienen que sudar los pobres. Y encima, Chávez, en vez de dirigirse a él para clausurar la cabalgata, se dirige a Cristina. Pobre General: Cornudo, apaleado y encima contento, como reza la famosa obra de teatro de Alejandro Casona. Me daban ganas de gritarle la frase de Les Luthiers: “¡No te tomes la vida en serio, al fin y al cabo no saldrás vivo de ella!”.

sábado, 17 de abril de 2010

SEXO


Pues sí, el título no es una añagaza atrapa-incautos, la cosa va de sexo. Se me han hinchado las meninges de hablar de política y de cosas serias. De lo uno y de lo otro. En esta esplendorosa infancia de mi vejez que estoy iniciando, estoy de vuelta de muchas cosas, me aburrí de otras muchas, me entusiasmo por otras, dejé en mi primera juventud la etapa de misionero, ojo, la de querer convencer a los demás de mi verdad, no la de la postura, que, a veces, también tiene su encanto, y, por fin, llego a la conclusión de que lo más gratificante, lo que compensa el absurdo de jornadas de 18 horas de trabajo, son los libros, el vino, la cocina, el cielo, un gato, el Barça, un paisaje, una sonrisa, la presencia de una mujer y el sexo. Lo malo es que a fuerza de estar pegado a una pantalla, todo eso se hace virtual, menos el vino, claro. Aristóteles definió al hombre como un animal político, zoon politikon, claro que su discípulo Platón se dio Banquete y con el cuento del idealismo se inclinó más bien por el zoon erotikon, y si eran jóvenes efebos de la Academia, pues mejor. Yo, sin renunciar a mi calidad aristotélica y platónica, por lo erótico, no por otra cosa, me reclamo zoon lexikon, animal de palabras, y las dedicaré siempre que pueda a denunciar, escarniar y anatemizar, al zoon güebón, neologismo latinoamericano éste, que no necesita mayor explicación. Como no somos de cartón piedra, personajes de mala novela, el zoon politikon, suele ser también, erotikon y güebón al mismo tiempo. Pocas veces lexicon, a lo sumo lektikon, o verbal, y si es en televisión, mejor. Así que, ineluctablemente, y aún sin quererlo, muchas veces lo uno me llevará a lo otro. Aunque algunos se empeñen en ignorarlo, hipócritamente, somos seres sexuados, afortunadamente, si no, seguiríamos siendo bacterias y nos reproduciríamos por fisión, no habría discotecas, ni camas, ni perfumes... ni vino. En cuanto a la manzana bíblica de Eva, por mucho que se hayan empeñado en identificar al manzano con el árbol de la sabiduría -la vieja tradición helenista- la presencia libidinosa de la serpiente no hace sino confirmar que la manzana es el sexo femenino, y el probarlo, le costó al hombre, según los reprimidos religiosos, la expulsión del Paraíso asexuado. En buena hora. Será por eso que me encanta la sidra y que es tan diurética. Así pues, levantaremos jubilosamente la bandera del sexo reproductor, el lúdico, el amoroso, el jijijaja, el de si te he visto no me acuerdo, el aliviador, el mudito, el “no tengo nada mejor que hacer hoy”, etc., y fustigaremos el sexo sórdido, el violador, el explotador, el de los religiosos del Mea shearim de Jerusalén, el de los curas pedófilos y el del zoon güebón del día, hoy, el ayatolá Kazem Sedighi, imán de la oración del viernes de Teherán, cuyas declaraciones recoge el diario iraní Aftab: “Muchas mujeres mal vestidas (que no respetan la ropa islámica) corrompen a los jóvenes y el aumento de relaciones sexuales ilícitas hace crecer el número de terremotos.” “No tenemos otra opción que conformarnos a las reglas del Islam”, afirmó, recordando las recientes declaraciones del presidente Mahmud Ahmadinejad (otro que tal baila), que había advertido contra los riesgos de un terremoto en Teherán.” Apaga y vámonos. Si, como dijo Marx, “la religión es el opio del pueblo”, a este ayatolá, como dicen Les Luthiers: “esa droga le buelbe vruto.”


El terremoto que teme el ayatolá




El

sábado, 3 de abril de 2010

MERLÍN




MERLÍN

Les Chats

Les amoureux fervents et les savants austères
Aiment également, dans leur mûre saison,
Les chats puissants et doux, orgueil de la maison,
Qui comme eux sont frileux et comme eux sédentaires

.......................................

Charles Baudelaire

Se nos ha ido, como del viento, Merlín, con quien tanto queríamos. Adiós, Merlín. Le dimos el último empujón a la barca que te hizo surcar el Nilo rumbo al paraíso de Bastet, la diosa inmortal de todos los gatos. Te dimos lo que nos pedías, no ya con maullidos imposibles, sino con miradas que imploraban piedad, una muerte digna, para traducir un horrendo término griego. Te dormiste para siempre, como siempre habías querido : en los brazos de quien más habías querido, escondiendo tu cabeza bajo su axila, como para no ver la muerte, ni nuestras lágrimas. Tu cuerpo, ya disminuido, se acomodó en la postura del sueño, tus ojos, desmesuradamente abiertos se entornaron, tu pelo de seda pareció por un momento recuperar su antiguo brillo siamés en un último adiós y eso fue todo. Te fuiste, dejaste de sufrir y nos dejaste tu sufrimiento y tu recuerdo de catorce años maravillosamente compartidos. Te acaricié aún caliente y te sentí más dormido que nunca. Anoche, yo te había susurrado a la oreja lo que te esperaba en el edén de Bast : orondos saltamontes de un verde incitante, revoloteando a tu alrededor, hermosas percas rojas debatiéndose en el lodo de las orillas del Nilo, coquetas gatas-huríes tricolores maullando amor (en el más allá los gatos resucitan sin castrar, como los hombres). Me miraste como diciendo : « ¡Coño, Luis, soy un gato, no una gallina ! ». Al principo no lo entendí, porque parece ser que las gallinas también tienen una inteligencia elemental, pero me lo aclaraste cuando tu mirada me dijo : « ¿Tú aceptarías este discurso ? » Tenías toda la razón. Fue cuando te dije que habías llevado el lema del carpe diem hasta donde tu cuerpo lo había resistido y que serías inmortal en nuestra memoria hasta donde, a falta de libro publicado, nuestra vida se prolongase. Eso sí lo aceptaste. Aunque me da la sensación de que la despedida que te dedicó Carlota esta mañana, seguramente con otros parámetros, con otros argumentos, (el corazón tiene razones que la razón no entiende), te llegó más al alma (tú también tienes alma, ¿verdad ?) que todos mis razonamientos. Como también te fijaste más en sus lágrimas que en la mías cuando escondiste tu cabeza bajo su axila. Merlín, te has ido al cielo de los gatos, que está en la tierra, curiosamente como el de los humanos, como el infierno, el de los gatos y el de los humanos, en la tierra árida, en el desierto del hambre, de la incultura, de la ignorancia de la pobreza, de la ignominia, de la indignidad. Ya nunca más correrás jugando tras mis pies descalzos, ni los de Carlos Javier, ni te pondré sobre mis piernas para hacerte el « arre, caballito » ; ni harás la croqueta girando como un loco en el suelo ; ni harás tus ejercicios matinales corriendo por el pasillo tras una presa invisible, ni abrirás los cajones de la cocina buscando las bolsas de plástico, ni harás malabarismos en el aire con ellas ; ni te esconderás despavorido ante la amenaza de los amores descontrolados de una vociferante Carolina ; ni te quedarás paralizado, expectante, ante el grito de « mi chancho erótico » de Mónica ; ni volverás a pasar las noches en vela ronrroneando a diez centímetros de la cara de tu gran, tu único amor : Carlota.

Pero no voy a caer en la estupidez, ya me lo advertiste, de pedirte que te consueles porque ahora vas a mordisquear los pies de Hatshepsut, vas a hacer la croqueta ante Tausert, o vas a correr tras Cleopatra... Paparruchas, Merlín, lo que viviste fue con nosotros y fuiste feliz y nos hiciste felices a todos los que te convivimos y ya. Por eso, Merlín, te extrañaremos, te echaremos de menos y eso, creo yo, es morir en paz. Tanto es así, que después de verte morir hoy, yo también quiero morir así, como tú, Merlín : en los brazos de Carlota y durmiéndome poco a poco con los ojos desmesuradamente abiertos para no perderme nada, ni las lágrimas ni la sonrisas de mis seres queridos, ni el ruido ni la música que me envuelve, como lo he hecho durante toda mi vida.

Merlín, te extrañaremos, fue bello compartir contigo parte de nuestra vida.

« Adoptan al soñar las nobles actitudes

de las grandes esfinges tendidas en el fondo de las soledades,
que parecen dormirse en un sueño sin fin;
sus grupas fecundas están llenas de chispas mágicas,
y fragmentos de oro, cual arenas finas,
chispean vagamente en sus místicas pupilas
. »

Los gatos

Charles Baudelaire