jueves, 23 de febrero de 2012

BARCELONA


¡Qué le voy a hacer si yo... nací en el Mediterráneo...! Sí,  y a poca distancia de donde nació Serrat, casi al mismo tiempo. Tal vez por eso esa sea mi canción favorita y por lo que cada vez que voy a Barcelona siento que mi ciclo vital debería cerrase donde empezó, como un círculo virtuoso. Barcelona me espera. Por eso no puedo ser objetivo, ni lo pretendo. Barcelona se convirtió a principìos del siglo XX en una ciudadpreciosa y hoy es una ciudad espectacular. La ciudad gótica, la de la Ribera, la Catedral, la de Santa María del Mar, la del Consell del Cent, del Borne, dela Boquería, la Rambla; la ciudad burguesa del Ensanche, del Passeig de Gràcia, de la Diagonal, la ciudad industrial que se proyectó al futuro, a la ciudad de servicios, con los Juegos Olímpicos del 1992, abriéndose definitivamente al mar; la ciudad del arte, del modernismo, de Gaudí, la ciudad del puerto, de la Barceloneta, de su oferta gastronómica, de sus champanerías, de la sombra de Ferrán Adriá, del Liceu y el Palau de la Música, la Barcelona de Tàpies, de Picasso y de Miró. Barcelona tiene algo de Milán, de Roma, de Bologna, de Ferrara y hasta de París, con la mejor gastronomía del mundo... y frente al mar.
Estuvimos cuatro intensos días en Barcelona acompañando a Noela en una especie de journey iniciático, que quería mostrar, emocionada y nostálgicamente, a su hija Clara algunos escenarios de una época de su juventud. La experiencia valio la pena. Para todos.  Entre miles de japoneses, rusos, alemanes e italianos, disfrutamos de un clima casi primaveral, que nos permitió recorrer interminablemente los sitios más emblemáticos, algunos, incluso, por primera vez, como la basílica de Santa María del Mar, azuzado, lo reconozco, por la lectura de la bonita novela de Ildefonso Falcones, La catedral del mar. Me impresionó su belleza austera, su espigada espiritualidad, en contraste con la rechonchez plutocrática del San Pedro romano que acababa de revisitar.  Avisado por mi amigo Daniele, el chef venezolano, nos instalamos todas las mañanas en el bar Pinotxo, de la Boquería, a desayunar con tenedor y cuchara... y cava.  Joan, su emblemático propietario, que me dedicó cariñosamente su libro de recetas, nos hacía iniciar el día a base de tortilla de espinacas, pulpitos con alubias, garbanzos guisados, gamba roja, etc. Descubrí en la Barceloneta un restaurante absolutamente recomendable, el Port Vell, con una cocina honesta y abundante y un rape suculento. Los pinchos del Txapela en el Paseo de Gracia, son otro imperdible. Lástima que no tuve tiempo, las reservaciones son de semanas, de ir al nuevo templo de los pinchos, el Ticket, de Ferrán Adriá, en Poble Sec. Pero sí me tropecé con Ferrán en la Rambla una tarde, lo abordé, lo saludé, charlamos un momento y me faltó la rapidez, o la costumbre, de sacar el teléfono para fotografiarme con él. Tuve mi experiencia mística en el Nou Camp, cuyo Museo  todavía no conocía y se me puso la carne de gallina saliendo al campo por el túnel de vestuarios, mientras sonaba el himno del Barça. Me volví a asombrar del genio de Gaudí en el Parque Güell y en la Pedrera.  Husmeamos y compramos en el mercadillo de antigüedades de la Plaza de la Catedral y caminamos una y otra vez, incansablemente, por las callejas del barrio gótico, Porta Ferrissa abajo y arriba, a izquierda y a derecha, deteniéndonos, de pronto, para oír a unos improvisados tenores. No se podía hacer más en cuatro días. Cenamos  en el Puerto Olímpico con algunos queridos primos hermanos a los que no veía desde hacía décadas, muchas. Faltaron algunos, uno, César, murió la semana pasada. Quedamos en volver a vernos en junio. Barcelona m’ espera.  Tornarem aviat.

domingo, 12 de febrero de 2012

PRIMARIAS


No tengo más remedio que interrumpir mis crónicas viajeras, las reanudaré mañana, para dedicarle una reflexión a un acontecimiento histórico que se ha dado hoy en Venezuela. El no hacerlo habría sido frivolidad o complicidad dolosa. Me refiero a las Primarias de la oposición. Tal vez por mi formación en la clandestinidad y en el “centralismo democrático”, las primarias abiertas no son una de mis opciones preelectorales favoritas, y, en el caso venezolano, donde el objetivo es acabar con un régimen, no reemplazar un Gobierno, una solución a la chilena, un acuerdo interpartidos, me habría parecido más sensato, y así lo he manifestado siempre, pues se trata de encontrar, no al mejor, sino al que pueda derrotar al Régimen, al menos en este primer embate. Dicho esto, y dado por supuesto que no soy portador de la verdad única, el proceso de las Primarias se ha desarrollado con un éxito sin precedentes y por lo tanto sorprendente y con unas consecuencias que en estas primeras horas son difíciles de aventurar. Basándose en los datos antecedentes, tanto del país como de otros países, se calculó por parte de la Mesa de la Unidad Democrática que una participación del 10% del padrón electoral, cifra tradicional en Estados Unidos con una larga tradición de primarias, la mayor del mundo, constituiría un éxito de gran resonancia. De acuerdo con esas previsiones se estableció la logística en lo referente, sobre todo, al número de centros electorales, mesas y máquinas de votación, en aras, también de abaratar los costos del proceso. La hora del cierre de las mesas de los colegios electorales era las 4 de la tarde y a las 7 casi el 30% seguían abiertas por las largas colas de votantes esperando sufragar. La enorme participación. tres millones de votos, más del 15% del censo,  ha roto las previsiones logísticas y ha sido la causa de la demora del proceso. A estas alturas se pueden hacer dos lecturas del fenómeno: una que a pesar del miedo, miedo real por parte de los millones de funcionarios, maestros, trabajadores y vecinos de barrios y pueblos controlados por los grupos paramilitares del régimen, a ser denunciados si se les veía en las colas de votantes, entre otros temores, la oposición ha mostrado el músculo suficiente para acabar con el Régimen en las presidenciales de octubre; y otra, que el anhelo de acabar con el Régimen es tan grande en la oposición que se ha volcado hoy en las urnas y ha sido su canto del cisne, o que ha rozado su techo. Los próximos meses con la campaña electoral que se avecina y cómo la afronte el candidato de la oposición y sus asesores, las encuestas nos lo dirán. Pase lo que pase de ahora en adelante, lo que ya no admite duda es que la jornada de hoy es un hito para este pueblo y ha confirmado su vocación democrática. Y, por qué no decirlo, se intuye el escalofrío que sacude en este momento el espinazo del Régimen. El tercer factor a considerar es el candidato ganador, Henrique Capriles Radonski, ganador, además, por goleada, como anunciaban las encuestas. Mis allegados saben que el Gobernador no goza de mi simpatía especialmente, pero a quien tiene que caer bien el 7 de octubre es a ese 5 a 10% de votantes indecisos o posibles desertores de las urnas chavistas, no a mí. ¿Con su discurso distante, comedido, a veces incluso timorato y a veces confuso, será capaz de enamorar a esos votantes?  ¿Tendrá que inyectarse botox en el entrecejo para barrer ese gesto de permanente enfado? Lo importante, repito, no es que sea el mejor sino el que pueda derrotar a Chávez. La candidata mejor preparada, sin duda, era María Corina Machado y por lo que le oí recientemente la única que apuntó algo inteligente sobre el futuro petrolero del país, entre la general mediocridad de los otros candidatos. Pero también era la más vulnerable ante Chávez. Y el elector lo sabía, por eso no ha pasado del 4% de los votos. Por eso la quería Chávez de contrincante. Posiblemente el candidato con más brazo para batirse con él, fuese Pablo Pérez, pero ha sido víctima, creo yo, de planteamientos regionalistas  de los electores y de una mala campaña por su parte, que le ha dejado con casi un 30% de votos, abriéndole las puertas como candidato de futuro. Los otros dos, como estaba previsto, han sacado casi la mitad de los votos nulos, entre los dos. Puros teloneros. Por primera vez en muchos años, trece, se ve al Régimen desconcertado, medio sonado por este directo a la mandíbula que le ha propinado la oposición. ¿Será capaz Henrique Capriles de noquearlo dentro de escasos ocho meses? La solución a la vuelta de la esquina. Mi deseo, que así sea.